25 de agosto de 2013

Puertas...




La vida es un camino lleno de puertas. Grandes, chiquitas, llenas de comején, vetustas y corroídas, en ocasiones víctimas del viento y preámbulo de sorpresas, agradables y desagradables. 

Pero todas tiene algo en común: marcan puntos importantes, donde comienzan o terminan historias. 

Mis puertas están vinculadas a las personas que me rodean, más que a logros personales. Los que se van, los que llegan, los que de un tirón caen en latitudes distantes, los que vuelven a convertirse en tierra, y las que crecen y guardan en su interior promisoras anécdotas.

Prefiero las que huelen a perfume, las que dejan rendijas y nunca se cierran, aquellas que siempre se abren y me reciben con cariño, las que se ríen cuando llego, que me cuentan historias y comparten conmigo sus viajes, las que me ayudan a crecer y caminan conmigo, que me empujan a caminar, y por qué no, las que desconozco. 

Pero las malas, las que se deshacen en mis manos, las que desde lo lejos se deterioran y se cierran, esas también son importantes, porque no sería lo que soy hoy, en la actualidad y lo que seré en el futuro, sin todas mis puertas.

La vida es un camino lleno de puertas, buenas y malas, pero puertas al fin y al cabo.
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