15 de agosto de 2013

La sirenita, 20 años después





Tengo una prima, una de esas que era una sirenita de lo buena que estaba, caderas que paraban el tránsito, o al menos dos o tres carros y motoristas, y una cara de ángel que volvía lujurioso hasta el hombre devoto a Dios.

De tantos dulces y maltratos, de la sirenita Ariel, mi prima se convirtió en la bruja Úrsula. ¡Qué mala se ha puesto por Dios!

No sé qué le hizo a la madre de las celulitis, pero ellas se han ensañado con especial alevosía en sus mulos y nalgas. Las tetas, donde antes estaban, hoy solo quedan unas flechas apuntando hacia abajo. 

Pero eso sí, orgullosa se pone sus blusas cortas, sus pantalones y jeans bien pegaditos, y pa la calle. 
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