13 de septiembre de 2013

Ventanas chivatas…





En Cuba, las ventanas apenas esconden los misterios.

En el pasillo del lugar donde vive mi Venus en llama, cada una de ellas revela fácilmente los secretos de las cocinas.

La primera casi no deja escapar olores. En esa casa vive una pareja de pensionados. 

La segunda, la de la paladar, es un desafío discernir los gases aromáticos. Siempre hay una exquisita amalgama de olores, que con facilidad se mueve entre los pescados y mariscos (que no huelen igual…jajaja), pasando por el pollo y por la tilapia de potrero, esa que come hierbas, vive en corrales y salta cuando oye las sirenas… 

La tercera, en ocasiones deja fugar uno que otro aroma, parece que la profe universitaria no le mete mucho a la carne y sí al té.

La última, la de mi musa… esa mejor me lo reservo.
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