18 de julio de 2013

Muñecones




Siempre he querido estar dentro de un muñecón. Yo, que le tengo pavor al ridículo, siempre he creído que dentro de él podría hacer lo que quisiera: un gesto tonto, bailar torpemente, reírme de los demás sin que se den cuenta…


Hay quien dice que tienen la mirada triste, y que los que están dentro deben estar muertos de cansancio, y que por eso no me lo recomiendan. Pero un solo día andar encubierto en ellos seguro me hace feliz. Es más, estoy segura que mucha gente quisiera meterse dentro de un muñecón. ¿A quién no le gustaría estar ridículamente feliz?
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