2 de mayo de 2015

El parque de mi casa…


El parque de mi casa es particular. 

Es increíble, pero es realmente particular. No está en mi casa, está al lado, y fue heredado como por cinco hijos cuando falleció la dueña. 

Ese terreno es como una vieja puta: ha sido utilizado por todos y también maltratado por todos. Exhibió en toda su extensión las huellas y cicatrices de unos cuantos que han pasado por su vida.

Se convirtió en un solar cuando el incendio arrasó con una casa. Después, devino en meadero municipal, o al menos meadero oficial de los carnavales. Dice mi mamá, que desde cualquier ventana ella podría hacer, en tiempos de carnaval, un análisis estadístico y muy exhaustivo del tamaño de los penes de los hombres santiagueros... 

En él han matado y violado gente, niños han jugado, han vivido locos de la ciudad, una vecina tuvo sexo, homosexuales se han desvestidos, se han enamorado unos cuantos jóvenes, pequeños exploradores han cazado grillos y saltamontes, y por supuesto, está mi perra, ella caga ahí todos los días por la noche.

Ahora es un parque, pero no uno cualquiera, uno de "uso temporal", engalanado solo por el medio milenio de mi Santiago de Cuba... y además un catauro de la sociedad, por ahí desfilan todos esos personajes que solo salen en la noche, con sus extravagancias, atuendos y costumbres...   

30 de abril de 2015

La hora del recuento


Eran las 3 y 50 am. Lo sé porque a pesar del sueño lo vi bien claro en la pantalla de mi celular.

Presiento que fue antes que llegó el apagón, pero el calor me despertó a esa hora, minutos después cuando sentí la ausencia del aire del ventilador.

Eso pasó ayer, casi a la misma hora, y antier, a las 3 y 54 de la madrugada. Pero también sucedió los dos días que le antecedieron. Tal parece que volvieron los viejos fantasmas de mi niñez...

No sé si es ajuste de la Empresa Eléctrica, una broma macabra y de mal gusto, un hechizo de mi suegra o de la abuela de mi novia, quizás una conspiración del gobierno de entrenar las mente y el cuerpo para que la pereza no se apodere de nosotros este primero de mayo, y que nos impida desfilar.

Solo sé que a esa hora, después de cagarme en los santos, en la madre que me parió y en el panteón yoruba, vinieron a mi mente aquellos que trajeron hasta mi televisor todos los muñequitos rusos.


13 de abril de 2015

Pistas




A pesar de mi “desconecte” habitual de la realidad, las pistas eran demasiado claras: niños corriendo, saltando y gritando… padres atrás, gritando aún más. 

Pequeñas personitas, casi como salidas de una matrioska, en escalera, desafiando el envejecimiento poblacional de Cuba, se portaban en franco irrespeto a cualquier orden social… casi como una prueba irrefutable de la existencia del caos. 

Y aún así, no sabía que era la semana de receso docente en Cuba.

Solo me percaté cuando desde lo lejos, en mi centro de trabajo, en un ambiente amenizado por el ir y venir de una manada desbocada de niños, gritó la recepcionista: “fulanitaaaaaaaa cuando cojoneeeeeeeeee te vas para tu casa”.

4 de abril de 2015

Prejuicios… ¿malditos? prejuicios (I)


Llegaron a la parada con la alegría que caracteriza a la juventud.

En medio de la algarabía, ellas hablaban de marcas, de keratina, extensiones, uñas acrílicas, de la discoteca y la paladar de moda, de viajes a Venezuela y pacotilla, del novio con motor, del celular Samsung de 5 pulgadas…


Malditos prejuicios míos, pero el uniforme de estudiantes de medicina, era lo único que las diferenciaba de las jineteras….
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