25 de diciembre de 2014

¿Qué vas a ser cuando seas grande?


Esa es una de las preguntas que más me ha intrigado en mi vida porque su respuesta es reflejo de la sociedad cubana y sus transformaciones.

Cuando me la hicieron a mí por primera vez tenía unos siete años. En ese entonces mis únicas preocupaciones eran ver los dibujos animados de las cinco y media de la tarde y las aventuras de las siete de la noche, también hacer la tarea temprano y rápido, que era la manera más efectiva que no me jodieran mucho. No preguntaba de dónde salía la comida o la ropa, y eso que era Cuba de los años iniciales de la década del ´90…

En aquel entonces respondía que quería ser “trenero”. ¿Trenero? Siempre me preguntaban y yo decía que sí, que TRENERO.

Ahhh…!!!!!!!! Ser ingeniero mecánico para arreglar los trenes. Yo, a la velocidad de un gato respondía. No, trenero, esos que frenan los trenes.

Claro que no sabía que la palabra era “retranquero”, yo solo pensaba en hacer cualquier cosa que no necesitara mucho estudio. Años más tarde desarrollé una extraña alergia al ejercicio físico, de ahí mi inclinación al oficio del periodismo…

Según me cuentan, después quise trabajar en el turismo (eso no lo recuerdo…), entonces era amigo de Julio, un cocinero que siempre me deleitaba con las historias de los productos que cocinaba y comía, también de aquellas cosas lindas que habían solo en los hoteles, y yo, tan glotón, me seducían sus anécdotas…

Pasó el tiempo, y con él aquellas tiernas respuestas. Hoy hago yo esa pregunta cuando me encuentro con mis sobrinos o hijos de amigos o familiares, y sus respuestas son capaces de asustarme.

Hace algunos años, me cuenta mi madre, ser médico era la máxima aspiración. O al menos esa era la ilusión de abuelos y abuelas. Los hombres de batas blancas era sinónimo de respeto y reconocimiento social.

Llegaron tiempos duros, y aquello de ser médico pasó de un sueño a casi una locura. Por supuesto en eso influyó aquella idea generalizada de la necesidad de visitar al doctor con “algo”, una cajita de comida, refrescos, un pedazo de pollo…

Imagínate, pobrecitos…. escuché decir en varias ocasiones. ¡No es fácil ser médico!
Mis sobrinos mayores son de esa época, es por eso que querían ser músicos, como su padre, y recorrer el mundo ¡y traer trajes de batman, de Yu Gi Oh…!

También de ese tiempo es una primita pequeña, “la bailarina”. Pero no del tipo de Alicia Alonso, ojalá. No, ella quiere ser “bailarina de Tropicana”, para tener un novio con motorina, “de las que tiene mi tío italiano”, me decía…

Creo que no es necesario comentar sus aspiraciones.

Ya por último está mi más reciente sobrino. Ya tiene edad para mentir y decir verdades inoportunas, o sea, ha madurado. Él quiere ser “médico”, así me respondió y yo creyéndolo la esperanza de mi mundo, esa de la que hablaba Martí, me aseguró “Yo quiero ser como Jorgito (el médico de la calle), yo quiero ir AFUERA”…


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