3 de octubre de 2014

El cubo de agua fría




Entraron al Palacio de los Matrimonios con esa sonrisa boba que solo tienen los enamorados. 

Estaban tan embelesados que no les importó las gotas de sudor que corrían por sus espaldas y la falta de aire condicionado, fruto de los contadores “inteligentes”, tampoco la falta de sillas o tener que esperar que la recepcionista terminara de cotillear por teléfono. 

-          “El amor lo supera todos los infortunios”, comentaban y reían felices, seguros de conseguir su propósito.

-          “Queremos casarnos el 10 de octubre, esa fue la fecha en que nos conocimos y un año, también un 10 de octubre, hicimos el amor por primera vez”, agregó el futuro esposo.

-          “También queremos que nuestro primer hijo nazca también un 10 de octubre!”, aseguraba jocosamente la muchacha, mientras cogía de las manos a su novio.  

-          “Se jamaron un tren de loco. ¿Ustedes no sabes que el 10 de octubre Céspedes le dio la libertad a sus esclavos para que negras como yo no tuviésemos que pinchar ese día? Y pa´ que no se entusiasmen, el 11 es mi cumpleaños, así que saquen el calendario y se me acomodan en otra fecha”.
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