20 de agosto de 2015

El “aguaje” de ETECSA


En Cuba (o al menos en el oriente de Cuba, que parece ser, según la visión habanacentrista una apéndice del país) la palabra “aguaje” se refiere a aquella persona guaposa, bravucona, que dice y aparenta ser de calle, de la vida…

Pues resulta ser, y juro por mi madre que esta historia es verídica, que de tanto quejarme de la calidad del servicio de ETCSA (me refiero a conectividad a Internet, aunque casi de cualquier cosa uno podría quejarse…) que la última llamada al 114 me costó conocer al matón.

Digo matón, pues salvo por el uniforme, parecía el clásico tipo delincuente y abusador.
Debí sospechar cuando tocaron a la puerta con una fuerza, que solo se arriesga a hacerlo el dueño, o un matón… jejeje

Pero no, por mi mente no pasó la idea de que fuesen los trabajadores de ETECSA, total, la queja ya llevaba en “el sistema” dos días, que me había resignado.

El tipo en cuestión era más grande que yo, con una barriga enorme, y un color de piel que solo compite con un hueco negro, que traga, hasta la luz.

¿Qué problema tiene?, me dijo, y yo, creyendo que me habían mandado a la casa un ajustador de cuentas, le dije: Ninguno. Tan seguras mis palabras, como si con ello me jugase la vida, eso o un caso crónico de pendejitis aguda.

Se pasó la mano por la frente, y cayeron al piso más que gotas, un chorro de sudor. Y no sé qué tiene que ver este detalle, pero igual me impresionó. Aquí tengo un reporte para revisar la línea.

Ahhh…!!!!!! (Aliviado) Es de ETECSA.

Después me enteré que le decía meñique (pura ironía, pues no necesitaba escaleras para clavar los cables a la pared, pegado al falso techo), también lo oí discutir con una mujer (de ETECSA también) por el celular, cagarse en su madre y gritar “yo me como un león y lo cago hecho picadillo”.


Nada, que realmente ETECSA está obstinado de mí y me mandaron el matón. 

5 de agosto de 2015

Test para bruj@s


Primero me disculpo, no pretendo ser un experto en el tema de la religiosidad popular y menos un escritor exhaustivo que domina la terminología. Quien siga este blog sabe que es de relajo, sobre las costumbres y realidad del cubano y del santiaguero.  

¿Cómo saber si mi bruj@ es “original”?

Con este sencillo, pero efectivo manual de 5 pasos, usted podrá identificar si su “guía espiritual”, babalawo de cabecera o bruj@ favorito le engaña o no.

1-      Según ellos, usted siempre, pero siempre, tendrá un viaje al exterior tranca´o. ¿Por qué es un viaje al exterior y nunca a “provincia”? Es esta una inquietud que me surge de pronto y a la vez me respondo: ¿alguien será tan comemierda como para preguntar sobre un viaje a un municipio, por ejemplo? La lógica se impone.

2-      Usted siempre será una persona envidiada. Eso no falla. En el trabajo, en la casa, su hijo, padre o hermano, siempre será envidiado usted o algún familiar. ¡Tiene muchos ojos puestos encima! Esa frase no falta.  

3-      Siempre tendrá “alguien” que lo protege desde el más “allá” (y me refiero al plano espiritual, no “al más allá” de la EEUU pues sobre este país, generalmente, se habla en el punto UNO, el del viaje tranca´o) Suele ser un pariente cercano fallecido, usualmente los abuelos.

4-      OTRA MUJER. Santero, brujo, espiritista, palero…. cualquiera de ellos que se respete, siempre menciona “la otra”. No importa si es amiga, amante, querida, siempre “hay otra”. Si quien se consulta es mujer, “la otra” quiere amarrar a su marido. Por el contrario, si es usted hombre, “la otra” te quiere amarrar.

5-      La limpieza, ¿es posible alguna consulta esotérica que no termine con una limpieza? Claro que no. La limpieza (o despojo), mejor dicho, las limpiezas (porque detrás de las hierbas para los gajazos y los huevos rotos en la cabeza va la ducha) son como los padre nuestros y las ave marías del catolicismo, aunque un poco más culturales.

Hágase todas esas preguntas, y cuando llegue a una conclusión, y lo invito a dejar un comentario para conocer la efectividad de este manual.   


28 de julio de 2015

Habanacentrismo


Me encanta la idea "habancentrista" que transmite los medios de comunicación y que muchos reproducen. El otro día una persona me preguntaba si en #SantiagodeCuba habían edificios. Yo primero me maté de la risa, y después, viendo la seriedad de la interrogante, le dije con toda la parquedad del mundo al estilo de Vampiros en La Habana: "No, andamos en taparrabos, con plumas en la cabeza y nos llamamos Guarina, Hatuey y Siboney".

14 de julio de 2015

¿Has comprado en Cuba un jean en el mercado negro?


Si no lo has hecho, difícilmente entiendas este post.

SI intentara un símil sería como comprar cerne de res, por el clima de misterio que genera, que lo envuelve, y que casi lo convierte en un saber popular, en una cultura popular. Tiene códigos, mitos, sitios, personajes….

Todo empezó con una mirada tipo “scaner”… de esas que te “escanean” de arriba abajo para saber tus “intenciones”, porque preguntar “¿estás vendiendo jean?” no es suficiente.
Ella buscaba esos indicios que le indicaran que fuera de la seguridad: la camisa a cuadro, la agendita o el bolígrafo en el bolsillo, el celular viejo, nada de táctil, los zapatos de cordones, negros, de los que venden los artesanos baratos, “aunque en la actualidad se camuflajean mejor”, me dijo después de comprar.

Entré a un lugar que casi parecía salido de la película Fresa y Chocolate: vasos espirituales, muchos, muchísimos vasos espirituales y cada uno con un poquito de abate, para evitar las larvas de mosquito; paredes descascaradas, mostrando las muchas pinturas que en algunas ocasiones ostentó; muebles viejos, con pequeños tejidos que intentaban disimular los huecos, los rotos, pero nunca la mugre, puntal alto, falso techo de madera roída, muchas imágenes religiosas, un viejo librero con libros más viejos que él….

“Este jean seguro te sirve”, me dijo, pero la cara gritaba “con ese culo tan grandes que tienes, es un milagro que entres en él”. En efecto, no pasó de los muslos.

“Es que los tienes gordos”, y me pareció ver una veta de mariconería en sus palabras y miradas, eso y que jamás me dio privacidad para probarme el pantalón. Repito, parecía aquello una escena desclasificada de Fresa y Chocolate.

“Espérate aquí, que voy a ver si xxxxx tiene una talla 38”. Y fue en ese momento que se activó el engranaje, una rueda gigantesca parecida a una gran red wifi del mercado informal en Cuba. Llamadas van y vienen, mensajes, llamadas perdidas, gritos desde el balcón, señas…

“¿De verdad que vas a comprar?”, me decía tan rápido como se iba su saldo.
Ven, vamos a otro lugar. “Xxxxx sí tiene uno pa´ tus muslos”.  

Conocí una Santiago de Cuba diferente, a pocas cuadras del Parque Céspedes, en medio de gigantescas edificaciones que parecen desafiar el tiempo, como lo han hecho con piratas y corsarios, terremotos, ciclones, en medio del ajetreo constructivo histérico, desenfrenado, casi irreal, donde se reconstruyen –aunque parece en ocasiones que se arremeten– viejos inmuebles por el medio milenio de Santiago de Cuba, conocí otro mundo, muy cerca de todo eso.

Un mundo que se mueve a la velocidad del mercado negro, el informal, donde hay todo, o casi todo, y lo que no hay, te lo consiguen: pantalones caga´os (no sé de dónde salió el nombre), de felpa, y no sé cuántas clasificaciones más, escondidos detrás de mostradores con ropa artesanal, en las verdaderas tiendas, donde los padres dan gritos por los precios mientras los hijos aprenden más rápido las matemáticas, sacando cálculos para comprar.


Ahí estaba mi jean, uno azulito, sin banderas, ni estrellas, sin ripia´os, ni charanguero, ni caga´o, uno sencillo, INCREIBLE, de los más difíciles de conseguir, a pocos metros donde el Conservador derriba, digo, repara viejas construcciones, un entorno donde hay más cámaras que kioskos de bocaditos, donde circulan 2,5 policías por habitante, ahí, entre las calles que se abren para ser cubiertas con adocretos, donde las personas rezan para que le reparen sus casas, ahí encontré un jean, en un mundo que existe y se mueve a una velocidad increíble. 
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