12 de diciembre de 2013

Un post serio



Regresé a la universidad tres años después de haber egresado de sus aulas. Me invitaron a participar en una conferencia sobre periodismo digital.

Estaba en el mismo salón, con mi antiguo profesor y sin embargo me parecía estar en otro mundo. No sé si he madurado, si he cambiado o simplemente si me he estancado.

Antes tener un celular era una nota distintiva, casi una superficialidad. Ahora no. Me pareció estar en una gran sinfonía de melodías, fragmentos de canciones de reguetón y sonidos de Nokia, Samsung Galaxy…

Ahora ves más calzoncillos de hombres que elásticos de tangas de mujer. Ves un mar de peinados cómicos, raros, con nombres de artistas, piernas afeitadas (sin distinción de sexo), laptops, tablets, handtops, mini laptops, smart phones… coño que ahora lo raro son las libreticas que te dan en las escuelas, con la tabla de multiplicación detrás…

Regresar a la universidad me hizo conocer de primera mano que no hace falta tener diez años de más para pertenecer a “otra generación”.

11 de diciembre de 2013

El juguito del tiempo



Yo sí aproveché mi juventud –me aseguró una señora que pasa los 50 años– yo sí que le saqué el juguito al tiempo.

Cuando tenía 18 años tenía una cinturita que cabía entre dos manos, y también tenía un culo que paraba el tránsito.

Yo llegué a tener cinco maridos al mismo tiempo. Imagínate como tuve que hacer malabares para acostarme con todos, supón que ninguno tenía más de 30 años, así que el sexo era a diario, y con varios...

La doctora mía, que no es como ahora que tienes uno y cuando das la espalda ya te cambiaron al médico de la familia, ella me conocía porque vivía y moría con inflamación en mi “cucusa”…

Fui a todos los hoteles, hace años, cuando tu salario te lo permitía. Jodí y vacilé en todos los restaurantes y clubes que había en la ciudad. Pegué tarro  que eso fue un fenómeno, y los ómnibus entre provincias me conocían, porque iba de provincia en provincia, imagínate, que un tarro de años fue un chofer…

Yo sí aproveché mi juventud… y ya está bueno de contar mi vida, déjame limpiar los baños del piso de arriba pa´ ver si acabo de trabajar por hoy e irme pa´la casa. 

7 de diciembre de 2013

La gorda y su “cosa”



La gorda de mi cuadra tiene una cosa que me arrebata. Ella lo sabe, por eso lo mueve cuando le paso por delante, para que me entren ganas, me excite y lo agarre.

Yo me pongo nervioso, la mirada se me pone esquiva, no la puedo ver a los ojos.

Ella sonríe, y lo mueve más. Yo creo que es un instrumento de lucifer, diseñado para que pequen personas débiles, que se blandecen cuando ven esa cosa.

Esa bandeja de chocolates es la cosa más rica que tiene esta gorda. 

Balas de censura



Aún está engavetado ese trabajo periodístico que no era “conveniente” publicar. Mi amigo tiene ese manuscrito tirado en una caja, empolvado, porque no era “ideológicamente correcto”. El artesano de la esquina retiró de su puesto de venta las billeteras con la imagen del Ché, problemas de derecho de autor. Mi sobrino, aún recuerda el bofetón de su madre el día que dijo su primera mala palabra. 

Censura, que como balas, tratamos de esquivar en la vida.

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