3 de junio de 2014

Depresión colectiva



Él lloraba a piernas abiertas. Daba risa verlo con sus tatuajes, su fama de tipo duro del barrio y su diente de oro, y casi rogaba a su madre.

No era el día de las madres, tampoco el cumpleaños de ella, no había cometido una falta grave, ni ofendido a su progenitora.

Él, igual que el resto de los varones de su calle, estaban desconsolados, caminaban como zombis por las aceras, con el rostro acongojado, digno de coger lástima. 

Vi por primera vez una depresión colectiva.

La falta de 15 CUC, un concierto de Los Desiguales y la imposibilidad de asistir, era la mezcla que motivaba la depresión colectiva.


Y yo reía y daba gracias a Dios, ojalá y hubiese una gran depresión nacional. 

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