22 de noviembre de 2013

Internet a “full”




En Cuba Internet llega a alcanzar la increíble velocidad de una meada.

Me explico.

Das “click” para publicar algo, por ejemplo en un blog, y usted puede ir a mear, que cuando regrese, aún Mozilla está “marea´o”.

En ocasiones la cosa podría ponerse aún más violenta. Usted podría ir a mear, tomar un cafecito, echar un “párrafo” (conversar un poquito con los amigos) y al regreso… Mozilla seguirá dando vuelta el circulito verde.

¿Increíble verdad? Y eso, compañeros, es Internet a “full” en Cuba.

De hecho, este post fue escrito entre “clicks”. 

¿Se imagina qué sucede cuando intenta publicar una imagen? Alcanza Internet la velocidad de una cag....

Una multitud en mi cabeza




Tengo un gran escándalo en la cabeza. Gente que grita, que no para de hablar, que me reclama, que me miran con ojos retorcidos y que hablan de mí si hablo o si no hablo.

Tengo a mi jefa con su cancioncita mañanera “disciplina es sinónimo de asistencia y puntualidad”.

Tengo a mi perra puta recordándome que su celo está por llegar, ya quiere dejar de ser virgen. 

Tengo a mi computadora, la maldita quiere dejar la conexión conmutada.

Tengo al locutor de Radio Reloj, se queja de que la información está muy larga.

Tengo en mi cabeza a mi hada madrina, loca como una cabra, dice que se me acabaron los tres deseos.

Tengo en mi cabeza tremenda gritadera, incluso, y no sé por qué, tengo un actor que se queja porque no le dan más papeles en la televisión.

20 de noviembre de 2013

Cuba surrealista: vendedores




Cuba es el único país del mundo donde los vendedores del estado son 100% sinceros.

Llegas a la tienda, hay cinco marcas de televisores. Preguntas si los Konica son buenos y te responden: “Los cinco son una mierda. No compres ninguno. Espera el mes que viene que van a empezar a vender unos ATEC, híbridos, con puerto USB, no son del todo bueno, pero hay bastante piezas de repuesto”. 

Es evidente: tienen sus sueldos garantizados, no dependen de las comisiones por venta… gracias a Dios. 

13 de noviembre de 2013

Despertar sin la algarabía



La viejita de la esquina, esa que no tiene nombre, solo una dulce sonrisa al saludar, ya no adorna mis mañanas. 

Hace quince días que no me contagia con su brillo, dos semanas sin sentarse en el portal, en la esquina derecha, escondido del sol, en su pequeña silla plegable.

Tanta ausencia me obligó a preguntar. Falleció. Dicen que de un infarto, yo digo que de falta de conversación. 

Nadie tiene paciencia, nadie tiene tiempo. 

Ya mi despertar no es igual. De camino al trabajo me falta el saludo de esa viejita, que no conozco su nombre.  No sé de sus achaques. No sé cómo la conocí, quizás esta historia empezó por un comentario ¿qué grande estás? ¡Estás hecho un hombrón! , y siguió con saludo todas las mañanas, de camino al trabajo.
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